sábado, 8 de junio de 2013

Día del Estudiante Caído: Retos y Desafíos

Cada 8 y 9 de junio se conmemora en Colombia el Día del Estudiante Caído. Una conmemoración que siempre se enmarca en protestas estudiantiles, asambleas en las universidades y actos culturales en honor a los jóvenes muertos que ha dejado una lucha que jamás dejará de ser justa y necesaria en una sociedad que moviliza recursos para la guerra y recorta el presupuesto para la educación.
Como egresado de una universidad pública, manifiesto mi rechazo contra la violencia de las armas y exalto el derecho de pensar, ser y sentir diferente. El siguiente recorrido histórico de los hechos se publica para visibilizar los jóvenes de la nación que han resultado muertos por perseguir ideales de justicia y equidad en uno de los países más desiguales del mundo.
A manera de historia. El 13 de marzo de 1.909, los estudiantes se movilizaron contra el presidente Rafael Reyes; la respuesta de su gobierno fue la declaración del Estado de Sitio y el encarcelamiento de los dirigentes estudiantiles.
En la década de los años 20, el estudiantado colombiano se vio claramente atravesado y dinamizado por los postulados del “Manifiesto de Córdoba”, que cobro vida el 12 de junio de 1.918.
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Monumento a los Estudiantes, en la Avenida del mismo nombre (Carrera 38, calle 69) en Barranquilla

Para el año 1.929, más exactamente el 7 de junio, los estudiantes marcharon por las calles en repudio a la “masacre de las bananeras” y al nombramiento del General Cortés Vargas, como jefe de policía de la ciudad de Bogotá, quien fue el responsable de dicha masacre
Al arribar la marcha cerca del Palacio Presidencial, la multitud fue reprimida con el funesto resultado de la muerte del estudiante de Derecho de la Universidad Nacional, Gonzalo Bravo Pérez cuando se dirigía al Café Capitolio una bala de la guardia presidencial lo alcanzó por la espalda.
Una gran manifestación acompañó a su última morada los restos del estudiante, y la magnitud de las protestas lograron la destitución y procesamiento del teniente Cortés Vargas, de los Ministros y militares involucrados.
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Placas en Memoria del  Día Estudiante Caído en Barranquilla
Desde entonces, el 8 de junio se convirtió en una fecha conmemorativa de uno de los mártires del movimiento estudiantil colombiano y en el año de 1.954, en el marco de su Vigésimo Quinto aniversario, los estudiantes de la Universidad Nacional realizaron una marcha pacífica desde la ciudadela universitaria hasta el palacio presidencial. Durante el recorrido, se presentaron choques con la policía, pero finalmente la marcha pudo continuar hasta el centro de la ciudad
Cuando los manifestantes volvían a la sede universitaria, inesperadamente, apareció la fuerza pública y un barrido de fusil apagó la vida del estudiante Uriel Gutiérrez.
Al día siguiente, 9 de junio, los estudiantes salieron a protestar por el fatídico hecho del día anterior, cuando estos avanzaban por la carrera séptima, en recorrido al palacio presidencial, surgió la orden de disolverse; en ese instante, los estudiantes se sentaron pacíficamente en los andenes y algunos pronunciaron consignas y discursos. De un momento a otro, se escucharon las descargas de las carabinas punto 30 traídas de la guerra de Corea, siendo disparadas por el ejército contra los estudiantes, 11 de ellos murieron y cerca de cincuenta quedaron heridos. Entre los fallecidos se encontraban: ÁLVARO GUTIÉRREZ, ELMO GÓMEZ, HERNANDO MORALES, RAFAEL CHÁVEZ, JAIME MOURE, HERNANDO OSPINA, HUGO LEÓN y JAIME PACHECO.
Para el 10 de mayo de 1.957, el movimiento estudiantil fue una de las principales fuerzas del movimiento cívico que propició la caída del General Rojas Pinilla, por lo cual fueron elogiados como “héroes de la democracia”.
En el Gobierno de Julio Cesar Turbay, por el año 1.978, es creado el estatuto de seguridad, que permite a la fuerza pública encarcelar a quien porte libros sobre socialismo o de ideas progresistas; en esta época, muchos estudiantes fueron perseguidos y algunos desaparecidos[1].
El Caso en la Región Caribe
A principios de este tercer milenio la situación respecto del estudiantado no ha cambiado y se sigue sacrificando la flor de la juventud pese a los avances en la superación del conflicto armado interno que vive nuestro país con los Acuerdos de la Habana entre el Gobierno y las FARC-EP. Quince estudiantes de la Universidad del Atlántico han sido asesinados desde 1993, crímenes que la comunidad académica atribuye a los grupos paramilitares. Denuncias sobre la corrupción interna en la alma máter serían la principal causa de esta seguidilla de crímenes. La cifra por sí sola es alarmante, pero cuando se suman a la lista los 18 profesores asesinados en el mismo período queda en evidencia que detrás hay una cadena de homicidios  selectivos. Las denuncias han sido hechas por el Departamento de Derechos Humanos de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), seccional Atlántico. “Los tildan de subversivos, de colaboradores de la guerrilla. Son estudiantes que han estado en la lucha por una mejor educación, por menores costos de matrícula y por mayores presupuestos para las universidades”, manifiesta Jesús Tovar, vicepresidente de la CUT Atlántico. La Región Caribe, La segunda más amenazada, según Diego Martínez, integrante de la Secretaría de Derechos Humanos de Aceu, asegura que los estudiantes de la región Caribe colombiana son los que más atropellos, abusos y violaciones de derechos  denuncian después de los universitarios del Suroccidente. Las universidades de La Guajira, Córdoba, Sucre, Magdalena y Atlántico lideran el grupo, mientras que las del Valle, Nariño, Cauca y Nacional, sede Palmira, las del interior del país.
Respeto de los docentes, se reseña de manera especial el caso del profesor Alfredo Correa De Andreis, investigador adscrito al Instituto de Investigación de la Universidad Simón Bolívar y ex rector de la Universidad del Magdalena. En 2004, cuando lo mataron, se encontraba realizando una investigación sobre la ‘Personalidad jurídica y patrimonios de los desplazados en el Distrito de Barranquilla: casos Loma Roja, Cangrejera y Pinar del Río’. Un mes antes le habían dictado una orden de captura por los cargos de rebelión, y durante 24 horas estuvo privado de su libertad. Cuatro estudiantes y un profesor que trabajaban con el investigador asesinado fueron amenazados de muerte y debieron cambiar de ciudad. Directivos de las universidades del Norte y Simón Bolívar manifestaron su total rechazo a este tipo de mordazas porque sólo perpetúan las condiciones críticas por las que atraviesa el país.
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Universidad del Atlántico, su fundador  Julio Enrique Blanco  la visiona  líder en el desarrollo regional.
Rafaela Vos Obeso, vicerrectora de Investigación de la Universidad del Atlántico, asegura que la manera de resistir a todo tipo de negación de los derechos humanos en un país que se considera democrático es defendiéndolos. “La protesta es legal siempre y cuando no se genere violencia. Desde la Vicerrectoría de Investigación vinculo a los estudiantes para que formulen proyectos a través de los cuales puedan también sentar su posición sobre lo que está pasando a su alrededor”. Para Diego Martínez, “el problema es que en Colombia se viene equiparando al movimiento estudiantil con acciones terroristas. En los últimos tres años el Gobierno ha venido impulsando la idea de que al interior de las universidades hay infiltrados de diferentes grupos. Son epítetos que impiden reconocer en el contrario una posibilidad de interlocución”[2].
En la actualidad los convocados en la MANE (Movimiento Amplio  Nacional Estudiantil) debe ser un movimiento estudiantil de Resistencia Pacifica por la no violencia y en que el rigor por el estudio, el transitar en los hombros de los Grandes de la humanidad y su legado nos de la fuerza del hacer, ya que la “mejor forma de decir es hacer”. Que la lucha por las reivindicaciones esté enmarcada de solidaridad y la solides de las ideas y propuestas para poder transitar a una sociedad para la paz y armonía social, he aquí el reto y el desafío de nuestro tiempo.
Esperamos que los diálogos de paz que se desarrollan en la Habana, con los avances que se pretenden en materia de reformas como en caso agrario, también se trasladen a garantizar un acceso a la educación y la cultura para todos. La Exigencia de la Sociedad Civil de una paz duradera, pero, que no sea la “paz de los sepulcros”, o una “pax romana” (armada y de sometimiento) y que el aprendizaje duro y cruel del exterminio sistemático de la Unión Patriótica no se vuelva a repetir. En este proceso aprendamos de un “perdón y olvido” que brote del corazón de los hombres y se manifieste en acciones de solidaridad para todos los involucrados en el conflicto, que el olvido no sacrifique la reconstrucción del tejido de la memoria histórica, que nos permita ver el pasado como experiencia viva, enriquecedora y que las diferencias propias de nuestra naturaleza racional, se han dirimidas en un dialogo y una acción comunicativa digna del respeto de los derechos humanos y el pluralismo político. Debemos apuntar a una paz verdadera que consolide una democracia social, económica y política, en la que todos los estamentos del país se sientan representados y participes con opciones efectivas de progreso en la que prime la capacidad, la preparación y las oportunidades que haga posible vincular a los estudiantes, docentes y a las Universidades a procesos de transformación y justicia social que es la esencia inspiradora de su devenir histórico.
La historia del movimiento estudiantil Colombiano está llena de luchas y mártires que han ido surgiendo a lo largo del camino; somos soñadores y creemos que un mundo mejor es posible por ello, es muy importante recordarlos y se mantengan vivas esas ideas a través de nuestros actos.


[[1] http://www.eluniversal.com.co/blogs/el-espejo-negro/dia-del-estudiante-caido
[2] Tomado de la edición del martes 19 de junio de 2007 de El Heraldo
http://aceubq.blogspot.com/2007/06/15-estudiantes-y-18-profesores-cayeron.html

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